Trastevere recibe su nombre de aquel barrio popular de Roma donde Calasanz empezó a soñar con una educación diferente, abierta a todos, especialmente a quienes más la necesitaban. Ese espíritu sigue vivo hoy, porque creemos que todavía existen muchos “trastéveres” en nuestro mundo: lugares, barrios, realidades y personas que esperan una oportunidad para crecer y transformar su vida.
En nuestro proyecto de apoyo escolar Trastevere, nos encontramos con chicos y chicas que, por distintas circunstancias, no tienen la posibilidad de acceder a una escuela o a un refuerzo educativo. Muchos de ellos y de ellas arrastran dificultades de aprendizaje que les hace sentirse en desventaja frente a sus compañeros y compañeras. Nosotros y nosotras queremos tenderles una mano y recordarles que nunca están solos ni solas en este camino.
Pero el proyecto va más allá de mejorar el rendimiento académico. Lo que buscamos es acompañar de manera integral, escuchando y respondiendo a las necesidades reales de cada persona joven. Nos esforzamos por ser un referente positivo en sus vidas, alguien en quien confiar, alguien que cree en ellos y ellas incluso cuando ellos y ellas dudan. Queremos transmitirles seguridad, motivación y, sobre todo, la certeza de que son capaces de mucho más de lo que imaginan.
Al final, lo que pretendemos no es solo que aprueben asignaturas, sino que aprendan a creer en sí mismas, a ser autónomos y autónomas, responsables e independientes. Que descubran que tienen un lugar en el mundo y que su futuro está lleno de posibilidades. Porque cada vez que uno de estos chicos o chicas levanta la mirada con esperanza, sabemos que el sueño de Calasanz sigue haciéndose realidad en nuestro pequeño Trastevere.





